Cerrando el 2025: un año de ciencia, crecimiento y sentido de pertenencia

Una reflexión sobre 2025: un año de consolidación profesional, crecimiento hacia la independencia científica y de los momentos personales que le dieron forma, escrita en un día nevado en Copenhague.

1/5/20262 min read

Hoy Copenhague amaneció cubierta de nieve. El silencio de la ciudad invita a bajar el ritmo y mirar atrás con algo de calma. Así se sintió este cierre de 2025: un año intenso, exigente en lo profesional y, sin esperarlo del todo, profundamente gratificante.

Cuando pienso en este último año, no lo hago desde una lista de logros o resultados (esos son para la hoja de vida). Pienso más bien en un cambio en la forma en que me relaciono con mi trabajo. Durante buena parte de mi carrera estuve construyendo hacia la independencia: formándome, aportando a proyectos grandes, entendiendo cómo funcionan los ecosistemas de investigación. En 2025, esa preparación se volvió práctica. Liderar mi propio proyecto implicó tomar decisiones todos los días, muchas veces con información incompleta, y asumir la responsabilidad no solo de la ciencia, sino también de las personas, los tiempos y las ideas que la sostienen.

Esa responsabilidad fue transformando mi confianza de manera silenciosa. Poco a poco me sentí más cómoda confiando en mi criterio científico, definiendo una dirección clara y sosteniéndola. Esta beca ha sido clave en ese proceso. Me dio el espacio para pensar con más profundidad, diseñar investigación con intención y acompañar a mis estudiantes y colegas, viendo cómo crecen y avanzan en sus propios caminos.

El año también estuvo marcado por experiencias fuera del laboratorio. Salir a muestrear en Bøllemosen con mi hija (abajo la pueden ver con su bolsita llena de musgos), verla moverse con naturalidad y volverse fluida en danés — un logro enorme para ella —, compartir trabajo de campo y proyectos creativos con colegas que me inspiran, construir el juego Arctic Bear con el equipo de VOLT y viajar a Abisko este verano fueron recordatorios de que el crecimiento rara vez ocurre en un solo lugar y mejora exponencialmente en buena compañía. A esto se sumaron las visitas de amistades del Reino Unido, que hicieron de Copenhague un punto de encuentro entre etapas y afectos.

En lo profesional, uno de los momentos más significativos fue escribir mi último artículo con mi mentor, cerrando de forma tranquila una etapa larga de formación y colaboración. El preprint de la primera y segunda versión, Structural and evolutionary insights into the isoprene monooxygenases, estan disponibles aquí: https://doi.org/10.5281/zenodo.18141782

Hoy, al mirar el año como un todo, siento más tranquilidad que urgencia. Los experimentos, la escritura, las conversaciones, los tropiezos y los avances forman un conjunto coherente en medio de todo.

Al entrar a estos los últimos nueve meses de la beca MSCA, me siento agradecida. Hay tiempo para publicar, afinar ideas, escribir nuevas propuestas y fortalecer colaboraciones, y hacerlo con cuidado. Ya no vivo esta etapa como una transición que deba acelerar, sino como un periodo que puedo habitar plenamente.

En un día nevado como hoy, mirar atrás me reconforta. 2025 me ayudó a consolidar no solo una dirección de investigación, sino también mi identidad como científica independiente — todavía en construcción, pero bien anclada.