Raices y alas

Dedicado a las mujeres y niñas en ciencia

2/11/20263 min read

El mes pasado publiqué mi primer artículo como autora de correspondencia, y la semana pasada representé a las becarias y los becarios Marie Curie durante la visita de seguimiento de la Agencia Ejecutiva Europea de Investigación en la Universidad de Copenhague. Son pasos importantes en mi camino profesional y, hoy que celebramos el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, me encontré reflexionando sobre cuándo la ciencia empezó a sentirse como un camino posible para mí. En ese momento nació una pequeña historia simbólica*:

Raíces y Alas

“Mille creció con raíces profundas.

Miraba el mundo de una forma distinta, y muchas veces prefería el silencio: observar y dejar que las preguntas llegaran solas.

Había caminos que parecían ya escritos.

Otros apenas se dejaban ver.

En los momentos tranquilos encontró la ciencia —

un lugar donde la curiosidad podía respirar.

Y poco a poco, donde antes veía límites empezaron a aparecer colores.

Mille abrió sus alas.

Entonces entendió algo importante:

sus raíces nunca habían sido un peso.

Eran la fuerza que la impulsaba.

Y voló.”

Tal vez esta historia dice más de lo que puedo explicar directamente. Mi recorrido nunca ha estado definido por un solo destino… Nunca imaginé que terminaría trabajando en el subártico, y sin embargo, la vida parece guiarnos hacia los lugares donde necesitamos estar. Elegir la ciencia requirió valentía: la disposición de caminar por senderos que aún no habían sido recorridos.

Desde el calor de La Guajira, en el norte de Colombia, hasta paisajes subárticos, mi vida me ha llevado a través de entornos que alguna vez parecieron inimaginables. No soñé con estos lugares porque no sabía que podían existir para alguien como yo. Pero cuando aparecieron las oportunidades, estaba preparada. Aprendí que la suerte también se construye: uno se prepara, crece y, cuando llega el momento, da el paso hacia adelante.

Vengo de una línea de mujeres fuertes, de una figura paterna sólida, y de una familia marcada por muchas madres solteras (incluyendo a mis abuelas) que llevaron la resiliencia a la vida cotidiana. Su fortaleza — especialmente la de mi padre — me enseñó que el coraje es persistencia y que ser diferente no te hace menos valiosa. De niña, muchas veces sentí que había un camino ya trazado frente a mí, lecciones que debía aprender para encajar. Y traté de encajar — me alisaba el cabello, evitaba el sol. Alrededor de los dieciséis años, elegí algo distinto. Aprendí a creer en mí misma y en mis raíces.

En ocasiones me sentí como una rebelde — saliendo de lo familiar, cuestionando expectativas, reescribiendo lo que otros pensaban que debía ser mi futuro. Seguir la ciencia se sintió como reescribir las reglas. Pero en la ciencia descubrí algo poderoso: tienes permiso para escribir tu propia historia y diseñar tus propias alas.

A lo largo del camino he vivido entre países, climas y comunidades distintas. He cambiado de lugares y entornos muchas veces, pero hay algo que ha permanecido constante: el apoyo. Mentores, colegas, amigos, estudiantes, mi familia, mis padres y mi esposo… personas fuertes que creyeron en mí — a veces antes de que yo misma lo hiciera. Nunca estuve completamente sola, y eso lo cambió todo.

Como ecóloga microbiana que estudia organismos diminutos que influyen en el clima de nuestro planeta, recuerdo constantemente que la diversidad fortalece los sistemas. Lo mismo ocurre en la ciencia. La ciencia necesita a las mujeres de diversos orígenes — no solo sus resultados, sino sus trayectorias, sus perspectivas y sus formas de ver el mundo. Cuando ignoramos los caminos que las personas recorren para llegar hasta aquí, corremos el riesgo de perder voces que amplían lo posible. A veces, permanecer en la ciencia significa insistir en ser escuchadas — y crear espacio para que otras también lo sean.

Este texto no pretende contar cada detalle de mi historia. Es simplemente un recordatorio de que hay más de una manera de avanzar. No tienes que seguir el camino esperado. Puedes elegir el sendero no explorado — incluso si se siente rebelde — y encontrar en el camino a personas que caminarán a tu lado.

A mis mentores, a mi familia, a las personas fuertes que me apoyaron y a quienes continúan abriendo puertas para otros: gracias. Su confianza crea espacio para que existan nuevas historias. Espero también abrir puertas y trazar nuevos caminos para mas mujeres en ciencia, mujeres con raíces profundas y alas hermosas.

*La historia fue editada usando IA.